7 ene. 2014

Mi Berlin

Pues como decía en una entrada anterior, los últimos meses han sido de lo más moviditos y, aunque con retraso, yo sigo relatando todo lo novedoso, emocionante y divertido que me ha ido pasando. 

Una de esas cosas fue participar en un libro titulado "Mi Berlin", un libro que reúne 50 visiones de la ciudad, 50 historias, como ellos dicen, 50 berlines. Ellos: Berlin Amateurs, que me pidieron hace ya un tiempo que escribiera un artículo que retratara cómo era mi vida aquí en Berlín y que yo con gusto así hice. Llevaba relativamente poco tiempo. Por eso pienso que hoy en día escribiría con toda seguridad algo diferente, pero yo lo quiero compartir aquí de todas formas.

En la presentación del libro concidí con dos grandes mujeres que también participaban en éste: Bárbara Lanzarote y Carina Caparrós.






Aprovecho para aclarar aquí que la fotografía de cabecera de mi artículo, una de mis favoritas, es obra y arte de un audaz caballero llamado Álvaro Cabezas. Algo que no se detalla y que yo tenía que puntualizar.

Aquí la tenéis (algún día haré mi pequeño análisis de porqué, sin ser una de las fotos en las que salgo más favorecida, es una de mis preferidas con diferencia). 


Y aquí va el artículo. ¡Espero que os guste! (¡El Choped me puso un 7,5! Eso ya tiene mérito...)

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"Berlín me abrazó y sedujo al instante”

Una vez escuché decir que Berlín son muchas ciudades en una sola. Así que, para ir a juego con ella y con el modo camaleón en on, decidí ramificarme y dedicarme a todas las cosas que me llenan.

La historia de esta metrópolis para empezar. Con unos padres apasionados por la lectura no me quedó otra que cargar en la maleta con varios libros y guías de Berlín. Así empezó a despertarse en mí una curiosidad por todo lo que había pasado y pasaba aquí. Ya antes me gustaba e interesaba todo lo que envolvía a la historia del cabaret y los “dorados años 20”. ¡Y me venía a vivir precisamente a la que en su día fuera la capital de todo eso!

La influencia del cabaret y los dorados años 20

Toda la información que iba recopilando tenía que acabar materializándose en algo. Y así fue como conseguí echar a andar con ilusión mi proyecto: Berlin Epoque. Me encanta vestirme de época y callejear mostrando los secretos que esconde la ciudad desgranando en cada uno de sus mágicos rincones la que fue una de sus etapas más florecientes.

La experiencia que he ido adquiriendo al trabajar como guía ha sido determinante en todo esto. Permítanme un agradecimiento desde aquí a Hola Berlín por la confianza que depositan en mí y la capacidad que tienen para inculcarme aún más pasión si cabe por esta ciudad.


Whatever Rita wants, valiente, resuelta, decidida y algo sinvergüenza

Por otro lado, el escenario tiene que tener siempre un espacio preeminente en mi vida. La música es mi bálsamo, mi terapia. Así que, junto con el contrabajista de mi amor, fundamos hace más de un año nuestra banda de Swing & Jazz Whatever Rita Wants. Rita es un personaje que me deja explorar terrenos desconocidos sin ningún miedo, es valiente y resuelta, decidida y algo sinvergüenza. Y se rodea de buenos músicos, que ayuda mucho. Uno de los sitios donde más le gusta ir a cantar: White Trash.

Ahora, además, practico incesantemente con el ukelele que me regalaron por mi cumple para acompañarme en el show. Para los apasionados de este instrumento les recomiendo una visita a Leleland. Todo un mundo. Y en los ratos que me quedan coso y hago tocados para el pelo (ritascabinet.blogspot.de). Me chifla ir a Modulor y a Hobbyshop, aunque solo sea para mirar, y comprar telas y adornos en el mercado turco de Maybachufer. ¡Ah! y también escribo.

Así que a Berlín tengo mucho que agradecerle porque aquí puedo hacer todo lo que me da la gana. Son muchos los turistas que me preguntan “pero, ¿qué se le ha perdido a una chica del sur aquí?”. Me buscaba a mí misma y me encontré, ¿qué más puedo pedir?

Comencemos por el principio…

Mi affair con Berlín comienza un tiempo antes de llegar por primera vez a la ciudad. Como ser inquieto que soy, el pueblo del que provengo se me empezaba a quedar un poco pequeño para los proyectos que tenía en mente. A mí y a mi compañero de periplo. En una visita a Madrid fuimos a un concierto y allí conocimos a los que serían, de algún modo, nuestros padrinos berlineses: “Anhela”.

Escucharles fue toda una revelación. ¡Id a Berlín!- exclamó una tal Matilde Colinas. No se hable más. Reunamos dinero, empaquetemos nuestras cuatro cosas, vendamos las tres que no nos podemos llevar y partamos hacia la tierra de los sueños. Sí, aún a riesgo de que el Profesor Shopenhaua me expulse de la escuela, admito que me vine a la aventura. Tan mal no me habrá salido la jugada cuando aún sigo aquí, digo yo ¿no?.

Aunque claro, antes despídase usted de sus seres queridos. ¡Ay, qué dolor! Toda la pena del mundo no me pudo detener. Lo cierto es que era lo que había que hacer. Había que volar, conocer mundos nuevos y experimentar y quemar las naves que me impidieran volver atrás a la primera de cambio. En fin, mucho dolor…

Pero Berlín me abrazó y sedujo al instante. No extrañé nada al llegar y, a su vez, todo me parecía interesantísimo y curiosísimo. Lo sé, un sentimiento extraño que aún hoy me acompaña. Es como si llevara aquí toda la vida pero sin dejar de sorprenderme cada día con algo nuevo. Lo mejor de todo es que desde que pisé por primera vez esta ciudad, la expresión “me aburro” dejó de formar definitivamente parte de mi vocabulario.

Aún así, los comienzos no fueron fáciles. Bueno, miento. Los comienzos fueron divinos, la cosa se fue tornando un poco oscura unos meses después (y no sólo porque sufrí el primer cambio de hora del invierno). Los ahorros iban desapareciendo y encontrar trabajo me estaba costando mucho. Así que, para salir del paso… a fregar escaleras. Toda una experiencia (o quizás debiera decir odisea) cuando se trata de hacerlo sin fregona, ese sencillo pero eficaz invento español. No, no pregunten cómo se limpian si quieren seguir bajando las escaleras de sus casas sin perder bolso y zapatos en la huída.

Mein Alltag…

Al poco de llegar tuve la suerte (la gran suerte ahora que lo veo con perspectiva) de topar con alguien que me alquilaba un apartamento en Neukölln. No casting, no montaña de papeles ni referencias. Sólo firmar el contrato y pagar a principio de mes. O sea, mucha suerte. Y aquí, desde entonces, tengo mi base de operaciones.

De este Viertel, Kiez, distrito o whatever se ha dicho y dicen muchas cosas. Desde que es uno de los más pobres y con mayor índice de criminalidad, hasta que es el barrio más de moda de todo Berlín, pasando por que es el lugar donde queda demostrado que lo multikulti ha fallado estrepitosamente. No sé. A mí me trata bien.

Que el tendero turco del Gazi de la esquina me venda a gritos la oferta del día, me gusta. Que el del Späti me dé mandarinas de España (porque dice que tienen más vitamina C que las demás) cuando ve que estoy malita, me gusta. Que una de las cajeras del Real ya empiece a reconocerme (después de dos años y pico yendo casi diariamente) y me desee que pase un buen día, me gusta. Que a dos pasos de casa tenga uno de los que a mi parecer es de los rincones más bonitos de Berlín, Richardplatz y su Böhmisches Dorf, me gusta. Que la gente no sonría, no me gusta.

Lo cierto es que por mi trabajo de cantante y guía y todo lo demás apenas hago vida en el barrio. También es que me encanta hacer de flaneur y patear las calles de todos los rincones posibles. Entrar en museos, tiendas o sencillamente caminar mirando de un lado a otro sin buscar nada en particular para toparme con un anuncio curioso, un orate que grita a los cuatro vientos lo mal que está el patio, una demostración en contra de la subida de los precios de la vivienda o acaso uno de los tantos memoriales que copan la ciudad. Cualquier cosa me vale.

Pero algo que sí que es regelmäßig…

- Gastronómicamente hablando

En cualquier momento: cualquier coffee to go de cualquier puesto (me va el rollo café malo pero en mano mientras voy de allá para acá, soy así). Y una Pilsator fría, qué leches. Una vez a la semana como un clavo: un “Chicken Box“ del puesto que hay a la salida noroeste de U-Gneisenaustraße. Algunos festivos y/o días especiales: o bien una pizza en Il Casolare o un variado de sushi con sopa de miso en el Musashi.

- Según el estado de humor

Con pequeña depre: una visita urgente al DM, que me quita las penas. Que si una cremita para la cara, un colorete, una infusión de salvia, un paquete de algodones… ¡lo que sea! Para exorcizar los demonios: un “Circus Radio Show” como está mandao. Con nostalgia, rabia, tristeza o nuevas y alegrías que compartir: una reunión con la familia berlinesa, que son todos aquellos buen@s amig@s que he ido haciendo en todo este tiempo.

Así es mi Berlín. El tiempo me ha demostrado que la ciudad la hace en gran parte las personas con las que te topas y de las que te rodeas y, en este sentido, yo he tenido mucha suerte. ¡Gracias a todos! Salud y amor.

 

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