6 mar. 2016

KK, así como suena

Los que me conocéis sabéis que soy una enamorada de Berlín y que a veces, solo a veces, el amor me ciega. En otras ocasiones soy yo la que se coloca conscientemente una venda en los ojos para no ver ciertos desatinos, desagravios, injusticias y otros infortunios que suceden a mi alrededor. Daría igual que estuviera en otro punto del planeta porque en todos lados se cuecen habas. Pero hoy en concreto, me atrajo a la escritura de esta entrada este artículo relacionado con la ciudad en la que vivo: "Berlin Tourist Medical tourism guide. Let Berlin take care of you".
Es tut mir Leid, esta vez no he podido mirar para otro lado. El animal satírico que vive en mi se ha desatado ante tal despropósito y necesita decir un par de cositas. La primera: ¿¿ESTÁIS DE BROMA?? Dentro vídeo.




Creo que debo hacer una pequeña aclaración para los/las que me leen desde otras latitudes y no sepan de donde viene lo de KK... son las bonitas siglas de Krankenkasse y esta palabreja significa a su vez "Seguro de salud". Y eso aquí es literalmente una KK, así como suena, [ 'ka ka ] para los que necesiten transcripción fonética. Argumento en breve, pero antes me pregunto: ¿cómo tendrán el descaro de venderse como destino de salud? ¡Será que a la capital alemana se le acaban los argumentos para seguir atrayendo turistas! Esta última frase no sabía si ponerla con exclamación o emitirla como una pregunta porque, en serio, tirar de turismo de salud es lo más desacertado que le he visto hacer a esta gente.

Aquí van mis argumentos en contra.
Bueno no, primero diré algunos a favor.
  • Las bicis. Chorrocientos kilómetros de carril para muchas y muy bicis. Blablablabla... (el/la que no entienda el inaceptable juego de palabras que pinche aquí).
  • Mucho verde, verde y más verde y algo de golf, polo, caballos (¿?) y más blablabla... todo esto para cuando no hiele, claro.
  • Wellness y Spas y fitness de esos, como en prácticamente cada pueblo del país del que provengo. O sea, mehr blablabla... 
Un argumento, quizás el único de peso en todo esto, es que en Berlín se encuentra la Charité, uno de los hospitales universitarios más grandes de Europa por donde se dejaron ver grandes figuras de la medicina como Robert Koch. La ciudad también cuenta con varios, algunos muy conocidos, laboratorios farmacéuticos y de investigación (me pregunto si esto es bueno o malo). Y tal y tal. No me cabe la duda de que tendrán tecnologías de lo más avanzadas, lo último de lo último en una cacharrería a la que probablemente solo accederán los más pudientes y el turismo que venga atraído por el sonido de este poco creíble flautín.

Aún así, no entiendo como pueden presumir de sistema sanitario con una plantilla de enfermeros y enfermeras que hace no mucho estaba así de descontenta. Me consta que hay trabajadores alemanes del sector que también están que echan chispas.  

Los más positivos dirán que es una gran suerte que aquí el sistema te permita elegir al facultativo que te ha de tratar, aunque tarde tres meses en darte cita. Te camelarán diciendo que hay seguros sociales en el mercado que te cubren tratamientos homeopáticos y de fisioterapia. Hablarán por encima del hecho de que es uno mismo el que se tiene que gestionar todo el tema del seguro social a menos que seas contratado (y, aún así, tendrás que hacer tus entretenidos papeleos). Que, en términos económicos, no hay grandes diferencias al contratar uno público o uno privado, aunque en este último caso la cuota, que ya empieza siendo bastante dolorosa para algunos (como, por ejemplo, mujeres de más de 35 años, ¡cómo no!), irá subiendo cada año hasta alcanzar un summum impagable al llegar a tu jubilación. Etc, etc. 

Contaré mi propia experiencia. Que conste que me pongo como ejemplo porque sé que mi caso es el de mucha otra gente. Por razones que no vienen al caso acabé metiéndome en un seguro de salud privado. A día de hoy mi cuota es de más de 300 euros. Dicha cuota sería considerablemente mayor de no ser porque tengo un Selbstbeteiligung de 800 euros, es decir, hasta esa cantidad de gastos médicos debo ser yo la que pague, y si la rebasara ya me lo empezaría a cubrir el seguro. De locos.

Con este plan se podrían dar situaciones como las que me contaba el otro día mi amiga...

... llamémosla X. Ella lleva pagando puntualmente la cuota de su seguro médico de más de 300 euros al mes con su Selbstbeteiligung de 800 euros desde 2010. En todo ese tiempo no ha ido ni una sola vez al médico. Podría lamentarse pensando que ha tirado el dinero, podría soñar con dejar de llegar a fin de mes por los pelos si pudiera ahorrarse ese gasto de algo que hasta ahora no ha utilizado. ¡Es que ni lo ha olido! Pero en Alemania es obligatorio tener un seguro de salud y X es una persona que acata las normas. Llega el día en que tiene un accidente. Se parte un piño. El dolor es espantoso. Va a urgencias. En el hospital le arreglan lo del sangrado y el resto de las heridas pero para ponerse un diente nuevo tiene que pedir cita en el especialista, o sea, el dentista, en este caso, la dentista que le han recomendado. En el tiempo que transcurre hasta que tiene la esperada visita a la consulta le llega la factura de urgencias. Nunca me especificó la cantidad pero por lo demudado de su rostro supe que, por un lado, no superó los 800 euros y que, por otro y no obstante, debía ser una cantidad importante. O sea, que le tocó pagarlo de su bolsillo. Llegado el día de la cita a la dentista, X me cuenta como abrió la boca con una gran sonrisa. ¡Al fin iban a arreglarle el mellao! Tras la inspección de los daños y el estudio de las posibles soluciones la doctora le comunicó el presupuesto final del arreglo. Esta vez, aunque tampoco me especificó la cantidad, sí me dejó caer que "casi casi llegaba a 800 euros". Vamos, ¡¡que le iba a tocar pagar aquello también!! A X se le cargaron los ojos de lágrimas. No daba crédito. Mientras trataba de digerir aquello se fijó en que a su izquierda había un mueble, un armario con varias puertas y un estante cuyo borde sobresalía y quedaba a la altura de su cara. La voz de la doctora que seguía su discurso sobre la forma de pago iba pasando progresivamente a un segundo plano. Se focalizó en la repisa del mueble y en su economía. No dudó. X estampó con fuerza su boca contra la madera. Algo crujió en su interior y pronto notó el calor de la sangre que le caía por la barbilla. Se giró hacia la dentista y volvió a sonreír. "¿Y ahora, doctora? ¿Cuánto me va a costar ahora el arreglo?"


1 comentario:

Bárbara Lanzarote dijo...

Qué dolor! En todos los sentidos!